IDOIA UGARTE
El agobio invade a muchas familias, demasiadas. La crisis se ha instalado en casi todos los sectores. Los trabajadores viven con la tensión constante de poder perder su empleo, sintiéndose privilegiados por no engrosar las largas listas del INEM. Por su parte los empresarios, también sienten el miedo mientras crece su desconfianza a la hora de mantener sus negocios. Cientos de empresas han cerrado. Demasiadas turbulencias, inestabilidad asegurada.
Los bancos, para muchos, principales culpables de la situación, ocultan sus agujeros o maquillan sus balances. No conceden préstamos que resultan indispensables para las empresas. Numerosos proyectos que necesitan esta ayuda no pueden desarrollarse y resultan inviables por falta de financiación. Las condiciones que exigen son asfixiantes, sobre todo para las pymes. Casi 2 millones de personas no pueden pagar sus préstamos y la sangría continúa cuando las empresas no pueden afrontar las deudas adquiridas. Cierre y más paro.
El gobierno se ve desbordado ante la oleada de gente que en este momento ha agotado su subsidio y no recibe prestación alguna. No son pocos, más de un millón de familias en toda España. Sin ningún miembro trabajando. Para colmo, las previsiones internacionales fijan la recuperación sobre el 2017. Muy lejos. El cabeza de familia jamás pensó que le despedirían. Su mujer siempre creyó que cuando buscase trabajo lo encontraría. Sus hijos no imaginaron que el paro juvenil alcanzaría un 45%. Si lo llegan a saber no se meten en una hipoteca, ni se compran un coche.
¿Una familia puede sobrevivir con 420 euros al mes? No, y la realidad es que muchas no tienen ni para comer. Parece de tiempos pasados, pero Cáritas está repartiendo a miles de familias garbanzos, judías, aceite, incluso gel entre otros productos de primera necesidad. No parece lógico para un país que no hace tanto pretendía formar parte de ese club de élite llamado G-8. Ésta es la cara más amarga de la crisis. El prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos dice que la crisis afecta más de lo que creemos y que es causa de depresiones profundas. La gente necesita vivir en un entorno donde haya prosperidad. El trabajo motiva y hace sentir que tienes una función en la sociedad. Cuando éste falta, el sentimiento de inutilidad crece en las mentes de las personas, y las destruye poco a poco. Las crisis económicas conllevan fracturas sociales mucho más profundas y de difícil reparación.
España necesita liderazgo y competitividad para terminar con una crisis que nos está saliendo muy cara. Hay que reformar el mercado laboral y llevar la austeridad a la administración y a los altos cargos. Por ahí debería empezar el sacrificio. La sociedad entera, incluido el Rey, está pidiendo con urgencia un gran Pacto de Estado, en el que PP y PSOE lleguen a un acuerdo sobre cómo salir de esta crisis. Para ello hay que dejar a un lado las discrepancias en favor del bien común. Si continuamos otro año más con un telón de acero entre los grandes partidos, el futuro de España será bastante negro. Unos porque piensan que saldremos de la crisis por arte de magia, con talante y el buenismo por bandera, y otros porque esperan ver pasar el cadáver de su adversario político. Unos y otros se mueven en clave electoral. Ninguno da su brazo a torcer, ninguno se pone en nuestra piel.
La economía familiar está muy resentida y no puede pagar más impuestos. Por eso no hay tiempo que perder. Zapatero tiene que reaccionar ya y coger la crisis por los cuernos, de una vez. Debe poner en marcha cuanto antes las reformas necesarias asumiendo que gobernar es tomar decisiones a veces duras e impopulares. Este año seguiremos decreciendo y no se creará empleo. Es hora de sentarse, dialogar y remar en la misma dirección. Nosotros así lo queremos, pero por desgracia no parece probable. Mientras se sigan tirando los trastos a la cabeza, no veremos la luz al final del túnel.
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