viernes, 13 de mayo de 2011

Bellacos

JESÚS DEL PINO

A falta de argumentos o propuestas con los que llenar la campaña electoral, el PSOE se han entregado al "y tu más" y a agitar el voto del miedo. O al menos a intentarlo porque esta estrategia, tan vieja ya que no se la cree ni la parroquia socialista, no cosecha el mismo éxito como en los tiempos del dóberman Cascos. Las masas ya no están adiestradas por la propaganda izquierdista y después de sufrir en sus carnes, y en sus bolsillos, los siete años la gestión del manirroto Zapatero pocos son los que aún se creen eso de "que viene el Coco" que otrora tan buenos resultados diera al socialismo español. Antes asustaban a los pensionistas con aquello de que la derecha les iba a quitar la paga, ahora se han inventado que "la derecha de la derecha" va a privatizar la Sanidad y no se cuantas cosas más. Pero ya no cuela, son otros tiempos y el electorado ha abierto, por fin, los ojos.

El otro elemento en el que estan basando su campaña es la mentira. Ya lo dijo el presidente del Gobierno: "mienten como bellacos". Pero el jefe del Ejecutivo se equivocó de mentirosos. No son los bellacos los cinco millones de parados, ni los jubilados a los que ha congelado la pensión, ni los funcionarios a quienes ha reducido el salario, ni las embarazadas a quienes ha despojado del cheque bebé, no. Aquí, el único que miente es el propio Zapatero, porque no es de recibo, ni en campaña electoral, asegurar que el estado del bienestar no se ha resentido durante su mandato. Quien dice eso si que miente como un bellaco.

domingo, 8 de mayo de 2011

Respeto, 'si us plau'

IDOIA UGARTE

Siempre creí que el objetivo de los pueblos era entenderse y conseguir eliminar las barreras que pudieran existir entre nosotros, sobre todo las de la comunicación. Pero España, como siempre, es la excepción que rompe la regla. No nos importa que nuestro vecino no tenga ni pajolera idea de lo que estamos diciendo. Parece ser que no nos interesa tanto el fondo, sino las formas. Con eso demostramos nuestro poco interés en evolucionar y aprender de los discursos del otro.

Todo esto viene porque la Administración balear se niega a ofrecer la información oficial de sus páginas web en castellano, vulnerando de esta manera la ley y obviando las llamadas del Defensor del Pueblo, que exige su traducción. También me parece surrealista que utilicemos 12.000 euros por sesión en pinganillos y traductores en el Senado cuando todos hablamos el mismo idioma. Es un gasto absurdo y más en tiempos de crisis, pero por esto mismo encabezamos las listas negras de la Unión Europea, por despilfarrar a diestro y siniestro en cosas innecesarias.

Ha pasado demasiado tiempo para seguir con estas reivindicaciones. En siglos pasados sí que había motivos para luchar porque cada uno tuviese la libertad de expresarse en vasco, catalán o gallego, cuando existía represión. Pero ahora mismo no tiene ningún sentido, porque ya hemos alcanzado estos derechos. Lo que no se puede hacer es dar la vuelta a la tortilla de tal manera que el castellano se margine, se ridiculice y se prohíba. Lo que no se puede tolerar es que te multen por no rotular en catalán o que no te corrijan en algunos centros el examen del niño por estar escrito en castellano. O que acudas a una exposición en Barcelona y no quieran subtitulártela. Que sepan que no existe mayor traición para los ideales que convertirse en el mismo opresor contra el que se luchó. No puedes matar al asesino, porque te conviertes en otro. No puedes imponer tu idioma, porque estás haciendo lo mismo que te hicieron a ti. No puedes exigir tolerancia y respeto cuando no predicas con el ejemplo. Pero, en fin, esperemos que no se cumplan aquellas palabras de Antonio Machado: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.