JESÚS DEL PINO
La versatilidad, por no decir hipocresía, del presidente del Gobierno es infinita. Menos mal que aunque la memoria es traicionera, las hemerotecas no. Y es que, el mismo que ganó las elecciones a golpe del pásalo contra el PP por la guerra de Irak, se nos va ahora de comandante en jefe -con Chacón de subalterna-, a la guerra de Libia. Ocho años después de criticar hasta la saciedad la foto de las Azores, se retrata ahora con Sarkozy en el Eliseo. Y sin despeinarse oigan. ¿Diferencias entre ambas contiendas? Desde luego. A Irak fuimos con un buque de ayuda humanitaria para reconstruir el país después de que Estados Unidos derrocara al tirano Sadam, -hasta que Bono se trajo las tropas abandonando a su suerte a los ciudadanos de un país convulso y sumido en la violencia- y a la intervención contra Gadafi enviamos lo mejor de nuestro arsenal belico.
Atrás quedaron los días de pancarta y pegatinas pacifistas, ahora lo que se lleva es mandar soldaditos al frente de batalla. Pero no es el único chaquetero que circula por estos lares. El clan de la zeja, que hizo de la manifa su religión y del pacifismo su tótem, no ha dicho ni pío sobre el ataque sobre Libia. El mismo día en que los cazabombarderos españoles partían rumbo a la base de Sicilia, la madre que parió a Bardem, donde dije digo digo Diego, digo, Juan Diego, los correosos Ana Belén y Víctor Manuel y los paniaguados Toxo y Méndez, entre otros, se concentraban en la Plaza Mayor de Madrid. Pero no se confundan, ni una proclama antibelicista, el sábado las pegatinas del No a la guerra, que otrora portaban tan orgullosos en la solapa, fueron sustituidas por insignias republicanas y los gritos contra la guerra, por lemas en favor del juez estrella, cuya luz se apaga cada día que pasa. Desde luego, quien te ha visto y quien te ve, Zetapé.