jueves, 26 de mayo de 2011

El enemigo vive en casa

JESÚS DEL PINO

Dicen que en política el enemigo vive en casa y los de fuera son sólo adversarios. Esta es la consigna más repetida en el PSOE en lo que va semana tras el descalabro el domingo en las urnas. Desde ese día, el partido se ha convertido en un auténtico polvorín. Una guerra abierta con un único objetivo: liquidar a Zapatero. El presidente del gobierno es desde el 22 de mayo un cadaver politico. Por eso, ahora ya nadie se molesta en revivirlo, si no que el debate versa sobre como se llevará a cabo su sepelio.

Y la primera batalla de esta guerra se ha cobrado su primera víctima, Carmen Chacón, cuya cabeza ha sido entregada a Rubalcaba como trofeo para que apacigüe sus aspiraciones y no entierre, todavía, el zapaterismo. Pero la retirada de la ministra en la carrera sucesoria para dejar vía a libre al vicepresidente -que temía las primarias como un minero britanico una visita de Margaret Thatcher- es solo eso, una batalla. La guerra sigue su cauce y las tropas rubalcabianas seguirán avanzando hasta lograr su objetivo, hacerse con todo el poder socialista.

Y si no hay ningún contratiempo, antes de final de año Rubalcaba devolverá la fe a los descreídos, ya que hará realidad el misterio de la SantÍsima Trinidad. Tras el congreso extraordinario, el supervicepresidente será tres personas en una: candidato, secretario general y presidente del Gobierno de facto. A partir de ese momento, la doctrina católica sustituirá la paloma que representa al Espíritu Santo por otro ave, el faisán.

domingo, 22 de mayo de 2011

Ciudadanos de segunda

IDOIA UGARTE

Europa está más dividida que nunca. La crisis económica no para de dar quebraderos de cabeza. Sus líderes no ganan para aspirinas, Bayer, por supuesto, sobre todo la capitana Merkel, que no consigue capear el temporal y evitar el más que posible naufragio de Grecia. Los ciudadanos alemanes no entienden por qué tienen que ser ellos quienes paguen los errores de los que no saben gestionar correctamente su país. Hartos de ser quienes tiran del carro, maldicen al euro y la nostalgia por la vuelta a su marco no para de hacerse eco en numerosos rincones. Aunque, siendo sinceros, el cabreo es más que entendible, la solidaridad entre nosotros es lo que nos hace grandes. Aunque en estos momentos brille por su ausencia. Y eso que probablemente no hayan visto el último anuncio de una conocida marca de cerveza, esa que dice a modo de eslogan “Todos necesitamos un poco de sur”. Es verdad, pero pagando tus facturas, dicen los teutones.

Por si esto fuera poco, el Tratado de Schengen vuelve a cuestionarse. Lo de papeles para todos no va con Dinamarca, que sin consultar absolutamente con nadie, decide que va a cerrar las fronteras para evitar las oleadas de inmigrantes causantes del aumento de la delincuencia. Se debe tener cuidado al establecer este tipo de comparaciones. Además esa independencia danesa es peligrosa y puede hacer tambalear los pilares sobre los que se construyó este gran proyecto europeo en el que muchos han perdido la fe. Hay que estar en lo bueno y en lo malo. Ésa es nuestra esencia, o al menos debería serlo.

Aunque suene utópico, el sentirse europeo, es decir, el tener una identidad común con las mismas raíces, en una lucha permanente por la libertad, es algo valioso y difícil de conseguir. Otros continentes ni lo han soñado, por ser imposible alcanzarlo. Jugamos con esta ventaja y hay que saber aprovecharla. Pero la reforma del Tratado de Schengen pone en evidencia que algo está fallando, que estamos catalogando a algunos ciudadanos europeos como de primera o segunda división, dependiendo de su lugar de procedencia. Los rumanos y los búlgaros, por ejemplo, parece que no son bien recibidos. Sarkozy o Berlusconi no están por la labor. Les expulsan sin contemplaciones con un gran respaldo popular y sin que nadie mueva un dedo por ellos. Ojo que esto no es un debate fácil. La solución en los próximos meses.