JESÚS DEL PINO
Dicen que en política el enemigo vive en casa y los de fuera son sólo adversarios. Esta es la consigna más repetida en el PSOE en lo que va semana tras el descalabro el domingo en las urnas. Desde ese día, el partido se ha convertido en un auténtico polvorín. Una guerra abierta con un único objetivo: liquidar a Zapatero. El presidente del gobierno es desde el 22 de mayo un cadaver politico. Por eso, ahora ya nadie se molesta en revivirlo, si no que el debate versa sobre como se llevará a cabo su sepelio.
Y la primera batalla de esta guerra se ha cobrado su primera víctima, Carmen Chacón, cuya cabeza ha sido entregada a Rubalcaba como trofeo para que apacigüe sus aspiraciones y no entierre, todavía, el zapaterismo. Pero la retirada de la ministra en la carrera sucesoria para dejar vía a libre al vicepresidente -que temía las primarias como un minero britanico una visita de Margaret Thatcher- es solo eso, una batalla. La guerra sigue su cauce y las tropas rubalcabianas seguirán avanzando hasta lograr su objetivo, hacerse con todo el poder socialista.
Y si no hay ningún contratiempo, antes de final de año Rubalcaba devolverá la fe a los descreídos, ya que hará realidad el misterio de la SantÍsima Trinidad. Tras el congreso extraordinario, el supervicepresidente será tres personas en una: candidato, secretario general y presidente del Gobierno de facto. A partir de ese momento, la doctrina católica sustituirá la paloma que representa al Espíritu Santo por otro ave, el faisán.