Idoia Ugarte
Jugar con la democracia es como jugar con fuego, al final te quemas. Y este gobierno se ha abrasado. Tras la reciente publicación de las actas de ETA incautadas a Thierry, se hace público que el Ejecutivo intentó parar la redada policial contra el bar Faisán. Este hecho pone de manifiesto las prioridades del Partido Socialista, que no son otras que mermar la dignidad de las víctimas y de todos aquellos que han luchado por el fin del terrorismo, arriesgando sus vidas y familias.
El cabreo es generalizado, pero la decepción es, si cabe, todavía mayor. Pensar que el inspector José María Ballesteros entrega un móvil al cobrador de ETA, Joseba Elosua, bajo la orden del ex director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, pone los pelos de punta. ¿En quién podemos confiar entonces? ¿Cómo es posible que Ballesteros diga que no recuerda a que bar entró y cuando se ve en las imágenes reconozca su culpabilidad? Mentira tras mentira es lo que hemos recibido todos los españoles a lo largo de estas dos últimas legislaturas. Este entramado tan turbio, que el juez Garzón guardó en su cajón, ha traicionado el Estado de Derecho y ha puesto por bandera que el fin justifica los medios. Algo repugnante.
Pues no es así, señor Rubalcaba. Si aspira a llegar a la Moncloa lo tiene claro. Si queremos terminar con la dictadura terrorista, que no nos deja pegar ojo desde hace décadas, los atajos y las negociaciones prometiendo el oro y el moro a asesinos, no tienen cabida en democracia. Como tampoco tiene cabida Sortu, ni Bildu, ni cualquier otra marca que nos vuelva a engañar en nuestra cara. Ni esa salvajada de los GAL, ni la bajada de pantalones a la que nos tienen acostumbrados. Un término medio, por favor.