martes, 5 de abril de 2011

La cosa va de chivatos

Idoia Ugarte

Jugar con la democracia es como jugar con fuego, al final te quemas. Y este gobierno se ha abrasado. Tras la reciente publicación de las actas de ETA incautadas a Thierry, se hace público que el Ejecutivo intentó parar la redada policial contra el bar Faisán. Este hecho pone de manifiesto las prioridades del Partido Socialista, que no son otras que mermar la dignidad de las víctimas y de todos aquellos que han luchado por el fin del terrorismo, arriesgando sus vidas y familias.

El cabreo es generalizado, pero la decepción es, si cabe, todavía mayor. Pensar que el inspector José María Ballesteros entrega un móvil al cobrador de ETA, Joseba Elosua, bajo la orden del ex director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, pone los pelos de punta. ¿En quién podemos confiar entonces? ¿Cómo es posible que Ballesteros diga que no recuerda a que bar entró y cuando se ve en las imágenes reconozca su culpabilidad? Mentira tras mentira es lo que hemos recibido todos los españoles a lo largo de estas dos últimas legislaturas. Este entramado tan turbio, que el juez Garzón guardó en su cajón, ha traicionado el Estado de Derecho y ha puesto por bandera que el fin justifica los medios. Algo repugnante.

Pues no es así, señor Rubalcaba. Si aspira a llegar a la Moncloa lo tiene claro. Si queremos terminar con la dictadura terrorista, que no nos deja pegar ojo desde hace décadas, los atajos y las negociaciones prometiendo el oro y el moro a asesinos, no tienen cabida en democracia. Como tampoco tiene cabida Sortu, ni Bildu, ni cualquier otra marca que nos vuelva a engañar en nuestra cara. Ni esa salvajada de los GAL, ni la bajada de pantalones a la que nos tienen acostumbrados. Un término medio, por favor.

Prohibido prohibir

Jesús del Pino

Pese a que el mayo del 68 no fue si no el germen de la mayoría de males que afectan a la sociedad actual, no me queda otra que invocar el lema que aquellos desarrapados amantes de la vagancia y el libertinaje hicieron famoso entonces: "prohibido prohibir", decían. Esto era lo poco en lo que tenían razón, aunque probablemente ni lo pensaran, se le ocurriría a algún iluminado mientras se fumaba el equivalente en hierba al césped del Bernabeu.

Ahora, Zapatero y los suyos nos retrotraen a la Rusia de los soviets para prohibirnos aquello que primero se les pasa por la cabeza. Primero fue la cruzada antitabaco y el "denuncie usted a su vecino", convirtiendo a los españoles en chivatos al servicio de la camarada Pajín. Después, a algún cerebrito del Ministerio de Industria se le iluminó la bombilla, de bajo consumo por supuesto, y se propuso colapsar las autovías haciendo circular al personal a 110 kilómetros por hora.

Ahora van a por los dulces de los niños en el recreo y a por los anuncios de contactos en los periódicos, iniciando la reconversión industrial de las lumis. Mucho me temo que en unos días expedirán cartillas de racionamiento de sol, que las naranjito de playa le salen muy caras a la seguridad social con sus cáncer de piel. Desde luego, Torquemada era un liberal al lado de estos pollos.

Pero estas medidas no son sino ocurrencias de un Gobierno en decadencia que anda peor que las putas en cuaresma. Hay que ganar las elecciones como sea y ahora toca recaudar, en pocos meses y a base de multazos, todo lo que han despilfarrado y robado durante siete años de desgobierno.