jueves, 3 de marzo de 2011

Son los mismos

Jesús del Pino

Entre faisanes al chivatazo y jamón york a la miel –el plato favorito que un famélico De Juana engullía a escondidas durante su huelga de hambre- cocinó Rubalcaba el proceso de paz de 2006. Por aquel entonces Otegi era un “hombre de paz” para Zapatero y al Fiscal General del Gobierno, Conde Pumpido, no le importaba mancharse la toga con el “polvo del camino”. La sutileza que el Gobierno utilizó para que ETA se colara en las urnas, dejara las armas y diera un buen puñado de votos al PSOE para afianzarse en el poder, fue de todo menos sutil. Sin embargo, las cosas han cambiado y después del petardazo de Barajas que voló por los aires la tregua-trampa en la Nochevieja de 2006, el Gobierno se cuida de no parecer demasiado genuflexo con su buenismo hacia los terroristas.

En el nuevo proceso que Zapatero y sus adláteres han puesto ya en marcha para permitir que los batasunos concurran a las municipales, conseguir el tan ansiado fin de ETA y lograr quedarse en la Moncloa en 2012, han procurado engrasar mejor la maquinaria propagandística y ahora juegan a la firmeza contra la banda. Pero no es más que eso: propaganda. En unos meses, y con las bendiciones del Constitucional mediante, veremos a los herederos de Batasuna sentados en los salones de plenos de los consistorios del País Vasco y Navarra, jugando a la democracia, destinando los dineros públicos a los bolsillos de la banda, y, de esta forma, tirando por tierra la lucha contra la dictadura etarra que desde hace más de 40 años le ha costado la vida a casi 800 hombres y mujeres de bien.

Pero que no les engañen. Los angelicales batasortus que hoy dicen renunciar a la violencia no son otros que los bárbaros de HB que ayer se negaban a condenar los crímenes de la banda. Son los mismos que asesinaron a Miguel Ángel Blanco con una frialdad aterradora; los mismos que brindaron con cava en las cárceles cuando unos pistoleros descerrajaron dos tiros a Jiménez Becerril y su esposa en las calles de Sevilla; los mismos que masacraron el Hipercor de Barcelona; los mismos que encerraron a Ortega Lara en un zulo inmundo; los mismos que dejaron a Irene Villa sin piernas; los mismos que volaron el coche de Carrero Blanco; los mismos que han obligado a exiliarse a miles de vascos de su tierra; y los mismos que han robado el sueño de centenares de familias durante casi medio siglo. Que no les engañen, son los mismos.

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